Hotel Céline*
Hotel Céline*
20040831*

Tal vez en el principio el tiempo y lo visible, inseparables hacedores de la distancia, llegaron juntos, borrachos, golpeando la puerta justo antes del amanecer. Con las primeras luces pasó su embriaguez, y tras contemplar el día, hablaron de la lejanía, del pasado, de lo invisible. Hablaron de horizontes que rodean todo lo que aún no a desaparecido.

Brutal como una lente, un tunel, la distancia entre un punto y otro. Berger en prosa.
20040827*


Lo que era

Era imposible imaginar, imposible no imaginar, el azul de aquello, la sombra que arrojaba, su caída, su llenar la oscuridad con el frío de sí mismo, lo helado de aquello desprendiéndose de sí mismo, de cualquier idea de sí mismo descrita en su caída; un algo de minucia, un punto, una mancha, una mancha dentro de una mancha, una hondura sin fín de lo minúsculo; una canción, pero menos que una canción, algo ahogándose, algo que va, algo que va, una marea alta de sonido, pero menos iba que un sonido, su duración, su vacío, el tierno y pequeño vacío de aquello de cubrir su propio eco, su caer y su alzarse inadvertido, su caer otra vez y de tal forma siempre
y siempre por causa, y sólo por causa, una vez ocurrido, era...

Era el asomo de una silla. Era el sofá gris, eran los muros, el jardín, el camino de cesped, la manera en que la luz de luna caía sobre el pelo. Era eso y más. Era el viento que se ajaba entre los árboles, era un escándalo y confusión de nubes, una marea salpicada de estrellas. Era la hora que parecía decir que si sabías en realidad que tiempo era, no volverías a pedir otra vez ninguna cosa. Era aquello. Era ciertamente aquello. También era lo que nunca ocurrió; un momento tan lleno que cuando desapareció, como debía ser, ninguna pena fue tan grande para contenerlo. Era el cuarto que permanecía inalterado tras tantos años. Era aquello. Era el sombrero que ella olvidó llevar, el lápiz que dejó en la mesa. Era el sol en mi mano. Era el calor del sol. Era la manera en que me senté, la manera en que esperé por horas, por días, era eso, solo eso.

Otro del bueno de Mark Strand. Ahora inédito.

20040826*
Pablo Ablanedo

Aquí el sitio de Pablo Ablanedo, y aquí una entrevista de Beatrice Richardson.
posted by guillermo piro* at 1:32 PM


Hoja de ruta. Mañana en el Celine se alojará Pablo Ablanedo. Compositor y músico de jazz que vive en Boston y trabajó entre otros con Paquito De Rivera. Piro se meterá con otro polaco, Mrozeck, y yo con Strand. El afano fue perfecto, lástima que no fuimos nosotros.
20040824*


Tu sombra

                      a N.

Ya tienes tu sombra.
Los lugares donde estuviste alguna vez te la han devuelto.
Los corredores y los jardines pelados del orfanato te la han devuelto.
Los Casa de los Vedendores de Diarios te la ha devuelto.
Las calles de Montreal y Nueva York te la han devuelto.
Los cuartos de Belém donde los lagartos mordisqueaban mosquitos te la han devuelto.
Las oscuras calles de Manaos y las calles humedas de Río te la han devuelto.
La ciudad de México donde quisiste dejarla te la ha devuelto.
Y Halifax, cuyo puerto se lavaría las manos de ti, te la ha devuelto.
Ya tienes tu sombra.
Cuando viajabas el blanco despertar de tu partida enviaba tu sombra debajo, cuando llegabas estaba ahí para recibirte. Tuviste tu sombra.
Las puertas donde entrabas se quedaban con tu sombra, pero al salir la devolvían. Tuviste tu sombra.
Aún cuando olvidabas tu sombra, volvías a encontrarla: siempre estuvo contigo.
Una vez en el bosque la sombra de un arbol cubrió tu sombra y no pudimos reconocerte.
Una vez en el bosque pensaste que tu sombra habia sido arrojada por otro. Tu sombra no dijo nada.
Tus ropas llevaban tu sombra dentro; al desvestirse se derramaba como la oscuridad de tu pasado.
Y tus palabras, que vagan como hojas en un aire perdido, en un lugar que nadie sabe, te devolvieron tu sombra.
Tus amigos te devolvieron tu sombra.
Tus enemigos te devolvieron tu sombra. Dijeron que era muy pesada, que podría cubrir tu tumba.
Al morirte tu sombra se durmió en la boca del horno y comió el pan de las cenizas.
Se regocijo entre ruinas.
Vigiló el sueño de los otros.
Brilló como cristal entre las tumbas.
Se clamó a sí misma como el aire.
Quiso ser como la nieve en el agua.
Quiso ser nada. Pero no fue posible.
Se vino a mi casa.
Se sentó en mis hombros. Tu sombra es tuya.
Te lo he dicho tantas veces. He dicho que era tuya.
Mucho tiempo la llevé conmigo. Te la devuelvo.

Mark Strand
20040822*
Robert Musil

Además de haber hablado acerca de Los Incompletos con el polaco Sergio Chejfec, anoche en el Celine leimos este cuento extraordinario de Robert Musil. La traducción es de Ernesto Volkening y fué publicado en la revista Eco en 1969

De sutil oido

        Me he acostado temprano, siento amagos de gripe, hasta puede ser que tenga fiebre. Estoy mirando el cielo raso, o talvez, lo que veo es la cortina rojiza arriba de la puerta que da al balcon de la pieza de hotel; resulta dificil discernirlo.
        No bien hube terminado, cuando tú empezaste a desvestirte también. Estoy aguardando. Sólo te oigo.
        Un ir y venir inexplicable, ya en una, ya en otra parte del cuarto. Vienes a poner algo sobre tu cama; no miro, más ¿qué puede ser? Entretanto abriste el armario, metes una cosa o la sacas; oigo como de uevo se cierra la puerta. Pones unos objetos duros, pesados sobre la mesa, otros sobre el tablero de mármol de la cómoda. No has dejado de moverte ni un momento. Luego distingo los ruidos familiares que haces cuando te despeinas y cepillas tu cabello. En seguida, chorros de agua entrando en el lavamanos. Aún antes, la ropa que cae; y otra vez ¡que cantidad de ropa llevas encima! Es asombroso. Ahora saliste de los zapatos. Pero tus medias siguen andando tan intensamente sobre la alfombra como antes andaban sobre ella los zapatos.
        Viertes agua en vasos; tres, cuatro veces seguidas, no me explico para qué. Ya no se me ocurre nada que puedas hacer, en tanto que tú, obviamente, inventas a cada rato algo nuevo en que ocuparte. Te oigo ponerte el camisón. Mas con ello no has terminado ni remotamente. Comienza otra serie inacabable de manipulaciones menudas. Ya sé que te estás dando prisa para complacerme; de suerte que todo eso debe ser necesario, pertenece a tu más intimo ser así, y como los mudos ademanes de los animales, desde la noche hasta la mañana, algo de ti, tú misma con aquellos gestos y actos sin cuento de los que nada sabes, penetras, cuan ancha y larga eres, en un recinto en donde nunca has oído de mí, ¡así fuese un soplo!
        Lo he adivinado por pura casualidad, porque tengo fiebre y te estoy esperando.

20040806*
Juan L. Ortiz

Ah, mis amigos, habláis de rimas
y habláis finamente de los crecimientos libres...
en la seda fantástica os dan las hadas de los leños
con sus suplicios de tísicas
sobresaltadas
de alas...

Pero habéis pensado
que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio
de crecida,
desnudo casi bajo las agujas del cielo?

Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo
del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde "la división",
despedido del "espíritu", él, que sostiene oscuramente sus
juegos
con el pan que él amasa y que debe recibir a veces
en un insulto de piedra?
Habéis pensado, mis amigos,
que es una red de sangre la que os salva del vacío,
en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,
de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,
a no ser una escritura de vidrio?

Juan L. Ortiz
posted by guillermo piro* at 7:27 PM
Hotel Céline es un programa de radio conducido por Luis del Mármol, Guillermo Piro y Luis González Bruno, in arte Jacques.
Se emite por Radio Nacional FaroFM 87.9— en Buenos Aires, Argentina, los sábados de 22 a 24.

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